Inconclusa
Inconclusa
Soy un cuerpo de mujer inconclusa, que quisiste tallar con tus manos de artesano. Subiste al monte en búsqueda de la madera eterna…. ¿me dirás alguna vez cual fue el que árbol elegiste en la noche apagada? ¿y cómo bajaste cargado de esperanza por tu creación? ¿fui madera nativa o árbol desarraigado? Cada vez que robaste de mi madero la astilla afilada, para que mi cóncava piel te recibiera, en racimo de besos... tuve miedo. Mis labios como lenguas de fuego quemados al calor de tu gubia, arrojaban sonrisas. Algunas veces te asustaron mis formas y me retocaste muchas otras, yo no fui bella más que en tus manos de artífice bondadoso, pues aquellos que pasaron cerca, no encontraron belleza en mí…dime… ¿me querías inconclusa?; ¿fue demora?, ¿ tiempo cascabeleando sobre tus manos?, ¿o del corazón cayó la fuerza?. Nunca fue más laboriosa tu rutina en la madera de mi cuerpo, que cansado muchas veces, dijiste, ¡no puedo acabarla!... ¡no sé que ojos regalarle! ¡no se como peinar sus cabellos!... pero el rictus de mis penas, ¡dibujaste con perfección!...y no fue crueldad, quizás…ya traía alma de inconclusa Pusiste un corazón fuerte, y sobre la altura del genio, ¡un alma débil!. Para tus deseos trazaste una carne dispuesta al beso y al abrazo del perfume de tu amor a roble, me regalaste flores en los ojos y a mi oído canciones. ¡No te vayas aún!... estoy inconclusa, aún me falta el núcleo, para albergar tu cabeza de hombre bueno y las manos para rozar tu ojos ciegos de huida. ¡No me dejes inconclusa!..¿ves que no huyo ante el dolor de tu trabajo? voy dispuesta a someterme a la punzante aguja, al calor de tu sellado y al barniz profundo que dejará las luces de mi felicidad guardada. Sigue tallando dame formas… convierte en forma el misterio del amor, dame pulso de vida latente, en mi vientre de mujer aromada de deseos y concedeme la conclusividad -¡Oh mi tallador, mi artista, mi genio!, ¡no te vayas sin terminar el madero de mi cuerpo! …¡Se mi Dios!… ¡termina tu creación! …Y si no puedes terminarla, ven, acércate al madero, reposa en la caoba boca inconclusa tu boca de acero… y deja las huellas de tus lágrimas sobre mi costado abierto… ¡que ya te he perdonado!...y sé que no eres Dios….
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