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dedosdecarbon

¡ Muérete mundo !

Muérete mundo.

Muérete con la espada de mi boca

o de mi palabra cargada de hiel,

hincada la  daga en el pecho

te sostendré por largas horas

para que el tajo y el  pulso de la herida 

desagüe las venas de la  vida sin compasión

Nunca cierne la noche, el dolor de mi  grito

Y en los  fulgores  áureos,

te rebanaré  la dulce huella

de lo que alguna  vez fue pecho.

Has  parcelado mi escaso pan

y el agua tardía que  me  brindaste

la alejaste  en fuentes de oropel

ninguna de los  dos pude alcanzar.

A algunos cobijaste desde el vientre

a los más…

sentaste en cilicio desde que vimos la luz del sol

Caudales de tormentos fuiste sembrando

a cada paso que me atreví a dar

¡No me  traigas al  oído voces de esperanzas!

¡Ni pintes de utopías mi espalda!

recuerda que fue en ti

donde apoye con dulzura  

el amargo cayado, llamado ilusión

y cerca de ti reclamé  por quimeras

donde imploré por sed sin tener agua

y nada me brindaste…

porque podía comprarlo.

Muérete mundo

¿no entendiste nunca?

¡que no era de esa agua!

¡ni por ese pan!

por el cual clamaba mi alma

Sólo sé que  fui el madero,

que  intentaba detener la marcha

del miedo y del dolor.

Que quería un abrazo

cuando me  dieron pasión.

Una simple respuesta

cuando busque la razón

y tan solo  una mano…

cuando imploré por perdón.

Muérete mundo.

sin mi atolondrada idea del bien

y mis cursis palabras insípidas.

Concluyo que estorbo,

para que sigas girando.

soy la amarga mirada del sino final

y no encuentro el pulso

y niego el latido,

¡detente que me bajo!

o arrójame a las inmensidades del hades

oscuras  celdas donde no se notan los gemidos

y los quejidos de sangre

de abatidos  viajeros

¡son el coro cotidiano de los seres cobardes!

 

 

Tiemblo

¡Tiemblo, tiemblo!

como las alas del colibrí

al robar néctares de rosas

tiemblo como la hoja oscilante

por la  gota eterna del roció.

¡Tiemblo, tiemblo!

al saber que los días pasan

y  dedos de agujas marcan los tiempos

como las nubes  que cabalgan

por un cielo sureño anhelado

¡Tiemblo, tiemblo!

para verte y  atraparte

seré amiga del viento

y suspiraré al oído

que  no te detenga.

Tiemblo, tiemblo

como hoja sutil de sauce

cuando  tus brazos ansiosos

se acoplen delicadamente

en mis brazos de medusa.

¡Tiemblo, tiemblo!

eterna como una estrella

transparentare las aguas y los cielos

para que bajo y sobre ellos

me  beses inerte como loza de muertos,

sin motivos, ni deseos de olvidarnos mas.

Gato roñoso

Gato roñoso

Mi hija adora a su roñoso gato,
gato negro que la conquistó
detrás de las chuecas rejas de una jaula,
de la tienda de mascotas.
Gato negro sin pedigrí,
de seis meses y algo más
sin gallardía y además…discapacitado
recién compuesto por remedios caseros,
después que casi lo mata un perro o un auto.

Recién perdió el miedo a trepar techos
y de saltar paredes
hambriento como náufrago
cariñoso e incondicional
le prodiga su amor
desde la puerta hasta su cama
y le ronronea incesante,
por comida y cariño
se sabe dueño de su amor
se mete bajo sus sábanas
y mordisquea su inocencia
gato negro su primer amor animal
lo soporta, lo acaricia, lo ama,
porque es su última señal de infancia.

Mujer de Nadie

Mujer de  Nadie
Soy  así, una mujer  de nadie,
una  que sabe pertenecer a nadie,
Que si ama, lo sabe  nadie,
juego  a querer  a todos y a nadie 
a nadie, para no nombrarles,
a  todos  para  no olvidarlos,
me  alcanza  el  pecho  para   muchos
y los  gemidos  para  todos,
aún  no encuentro como mujer de nadie,
quién no me haga pedir siempre más.
Soy  la  mujer de  nadie,  y  de todos,
plaza  pública, con escaños  para  todos,
de remolinos en  el viento y  de algodones coloridos
soy  la  mujer de todos, sonriente  en una esquina.
Soy la  mujer de nadie, buscada en  la noche  más  gris,
La que  te  regala una  caricia, la que te escucha,
oreja de tus bajezas, la  que te dice Campeón,
aunque  sabe, que caíste en algún round,
y un eres derrotado,
y a veces  cobarde
pero    le  escuchas,
porque nadie como yo sabe,
que no importa ganarse, mas que a uno mismo.
Mujer de  nadie, me dijo ese estúpido,
ese que no me  tuvo,
por darme el  gusto de decirle un  buen ¡no!,
sirve, para creerme un poco casta, 
sirve sentirse  a veces  un poco virgen,
siendo Mujer de  nadie, y  voz de pueblo,
una  se profesa pía de alma y victima de deseos,
¿pondrás en mi  boca una  rosa? 
cuando esta  mujer de nadie, 
esté con los ojos al cielo y rogando por un camino,
para  transitar sin que nadie le diga;
¡puta, mi  puta, puta  mía,
muévete puta, hija de puta, por la puta, muérete  puta!
Mujer....Mujer  de  nadie, hija  de  mi madre, madre  de  mi hija.
Eso  es  todo  cuanto soy
Una Mujer...de nadie.

 

El Hombre

El  Hombre

El  hombre un  ser desnudo, asustado, insatisfecho,
buscando respuestas
cargando hombrías
pesos que le  impiden
llorar,
soñar
vagar
ser débil
ser libre
ser…

El hombre un ser atrofiado por las  madres
con brasas bajo sus piernas
bolsillos cocidos para bolitas
llantos guardados
decisiones en  lágrimas
palabras varoniles
horarios de jefes
tardes de cines
juegos de pool
domingos de fútbol
y cuentas de moteles

El hombre un ser elegido para la ley
con la  misión de
subsistir
multiplicarse
alimentar parásitos
satisfacer mujeres.
El  hombre... ¡un  ser  tan indefenso!
tan coludido con la imagen de Dios.
Sin  llanto
sin femineidad
sin  dolor
sin debilidad
sin derecho
sin aplausos...
escritor de  tablas
guía de pueblos.

El  hombre ...
un empresario y productor de  orgasmos
accionista de juzgados
visitador de hijos
catador de vinos
soltero de noches
un esclavo de:
bolsillos sin  boletas
fechas y aniversarios
sin carmín en  camisas
sin aromas de otros brazos
un ser tan solo…
un  hombre… tan sólo  un  hombre.

Género masculino                                                                           

Dedos de carbón

Dedos de Carbón

Deseo tener dedos de carbón,
para escribir sobre las paredes,
cuando las palabras me atormentan,
de día o de noche
nunca me dejan en paz...
me buscan,
seducen,
acorralan,
enloquecen,
saben que deben partir mi sien,
con granitos de pólvora creadora
y encontrarme en cada átomo,
de la incorruptible idea.

Dedos de carbón,
para atrapar las musas insolentes,
que me doblegan,
y me hacen:
crear
inflar
soplar,
silbar,
vomitar,
babear
estampar
el grito de la poesía,
¡ay criaturas indomables!,
es la mente la infinita,
sólo mis lápices,
¡nunca están donde deben!

¿Y entonces?
¿Me darás Dios dedos de carbón?
Para despertar de noche,
y escribir en mis sábanas,
en los pliegues de mi piel,
los semáforos rojos,
las boletas de tiendas,
esos pasajes de buses,
alguna servilleta de burdel,
el asiento de un auto,
esa tarjeta de red
una ventana cargada de rocío,
esta pared del baño,
mi cajetillas de cigarros,
en cada especie de hoja,
en algún miserable papel,
que algún día fue;
semilla,
planta,
árbol,
astilla,
celulosa,
oro verde.
¡Eha! Dios…
¿y mis dedos de carbón?

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